

La electroestimulación neuromuscular (EENM) se ha consolidado como una herramienta terapéutica fundamental en la práctica clínica para abordar una amplia gama de trastornos neuromotores. Su capacidad para inducir contracciones musculares de forma pasiva la convierte en una estrategia clave para mitigar la atrofia por desuso y combatir la inhibición muscular artrogénica, especialmente en contextos postquirúrgicos. Sin embargo, para maximizar su eficacia, es imperativo que el profesional conozca la evidencia que respalda sus protocolos en patologías específicas. Este artículo revisa la evidencia actual sobre la aplicación de la EENM en la rehabilitación de la extremidad inferior y superior, con un enfoque en la rodilla y el hombro, para guiar una práctica clínica informada y efectiva.
La disfunción del cuádriceps es un factor etiológico y pronóstico central en múltiples patologías de rodilla. La EENM ha demostrado ser una coadyuvante eficaz a los programas de ejercicio activo para restaurar la fuerza y la función muscular. Analicemos la evidencia en los escenarios clínicos más prevalentes.
En pacientes con DPF, la debilidad de los extensores de rodilla es un hallazgo casi universal. Una revisión sistemática reciente, aunque con una certeza de evidencia calificada como muy baja, sugiere que la adición de EENM a un programa de ejercicios de 6 semanas o más puede mejorar la función articular y la fuerza del cuádriceps. Es crucial notar que no demostró superioridad sobre el ejercicio aislado para la modulación del dolor o la activación EMG. Esto posiciona a la EENM no como un agente analgésico directo, sino como una herramienta específica para potenciar las adaptaciones mecánicas y de fuerza muscular.
El postoperatorio de una reconstrucción de LCA se caracteriza por una marcada inhibición artrogénica del cuádriceps. La EENM emerge aquí como una intervención de alto impacto. La evidencia, con una certeza moderada, respalda que su adición a la rehabilitación estándar mejora significativamente la fuerza del cuádriceps en las fases tempranas (4-12 semanas). Se postula que la EENM acelera la recuperación de la fuerza al superar los déficits de activación central, un factor limitante clave en esta población.
Tras una ATR, la pérdida de fuerza y masa muscular es aguda y persistente. La aplicación temprana de EENM (iniciada dentro de las 48h postquirúrgicas) ha demostrado ser una estrategia protectora eficaz. Los hallazgos clave incluyen:
La efectividad clínica de la EENM se fundamenta en su capacidad para modular el sistema neuromuscular de una manera única. A diferencia de la contracción voluntaria, que sigue el principio de tamaño de Henneman (reclutamiento de fibras tipo I a tipo II), la EENM puede invertir este patrón de reclutamiento.
Al despolarizar directamente los axones motores, se activan preferentemente las unidades motoras de umbral más alto y conducción más rápida, es decir, las fibras tipo II. Esta activación preferencial a niveles de fuerza submáximos es altamente eficiente para inducir hipertrofia y ganancias de fuerza. Otros mecanismos propuestos incluyen una mejor sincronización de las unidades motoras y una restauración de la activación neuronal (drive central), contrarrestando así los déficits de activación voluntarios post-lesión.
Si bien la investigación en la rodilla es extensa, la evidencia en la articulación del hombro es más incipiente pero igualmente prometedora, especialmente en el contexto postquirúrgico de la reparación artroscópica del manguito rotador (RAMR).
Un ensayo clínico aleatorizado y doble ciego investigó el uso de EENM domiciliaria tras una RAMR. Los resultados a las seis semanas postoperatorias fueron significativos para el grupo de intervención:
Aunque a los tres meses las diferencias se atenuaron, persistieron en el ROM de abducción y el grosor del deltoides. Esto sugiere que la principal contribución de la EENM en este contexto es acelerar la recuperación funcional en la fase temprana, un período crítico para prevenir la rigidez y la kinesiofobia.
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A pesar de los resultados prometedores, es crucial que el clínico adopte un enfoque crítico. Gran parte de la literatura presenta un riesgo de sesgo considerable y una alta heterogeneidad en los parámetros de estimulación (frecuencia, ancho de pulso, tiempo on/off), lo que complica la estandarización de protocolos. La certeza de la evidencia a menudo se califica como baja o muy baja. Por lo tanto, se necesitan ECA de mayor calidad metodológica para consolidar las recomendaciones actuales y optimizar los protocolos de tratamiento.
La EENM no debe considerarse una intervención aislada, sino una herramienta adyuvante potente que, integrada de forma inteligente en un programa de rehabilitación multimodal y basado en el ejercicio activo, puede mejorar significativamente los resultados clínicos.
Para una revisión exhaustiva, se recomienda la consulta de las siguientes fuentes primarias: