

En esta publicación responderemos a las preguntas más frecuentes sobre la imaginería motora y, además, a través del siguiente videopaper, exploraremos cómo integrarla en un entrenamiento convencional de fuerza.
La imaginería motora (IM), también conocida como práctica mental, es una técnica cognitiva que implica ensayar mentalmente una acción o movimiento sin realizarlo físicamente. Permite a un individuo simular una acción en su mente, activando redes neuronales similares a las que se utilizan durante la ejecución real. Esta técnica ha sido utilizada tradicionalmente en deportes, pero también ha demostrado ser beneficiosa en otros campos como la rehabilitación.
La capacidad de imaginería motora se puede evaluar a través de diversas pruebas. Un enfoque común es el uso de cuestionarios, como adaptaciones del Controllability of Imagery Test, que evalúan la capacidad de una persona para generar, transformar y reconstruir imágenes mentales de movimientos corporales basándose en instrucciones verbales. Otras evaluaciones pueden incluir medidas fisiológicas del sistema nervioso autónomo durante la imaginería motora, la congruencia temporal entre acciones reales e imaginadas (cronometría mental), y la autoevaluación de la viveza de la imaginería por parte del sujeto. Se puede calcular una puntuación de imaginería global combinando los resultados de varias de estas evaluaciones.
Durante la imaginería motora, se activan redes neuronales que involucran áreas motoras del cerebro. Específicamente, se ha observado actividad en la corteza prefrontal (como la corteza prefrontal derecha, el polo frontal y la corteza prefrontal izquierda), las regiones parietal posterior y premotoras. Esta activación es similar, aunque a menudo más pronunciada en individuos con buena capacidad de imaginería, a la que ocurre durante la ejecución física real del movimiento.
La imaginería motora se puede realizar desde una perspectiva interna (en primera persona) o externa (en tercera persona).
Idealmente, un programa de imaginería motora debería enseñar a los practicantes a utilizar la perspectiva más adecuada para cada tarea e incluso a combinar ambas para obtener mejores resultados.
Sí, la imaginería motora puede influir en el rendimiento físico, incluida la fuerza muscular. Estudios han observado que la imaginería motora, especialmente cuando se combina con la práctica física, puede resultar en ganancias de fuerza, como se ha visto en la mejora de la contracción voluntaria máxima (MVC) en ejercicios como la prensa de piernas. Si bien no siempre se observan diferencias significativas en las medidas antropométricas (como el tamaño de los músculos), la imaginería motora parece facilitar adaptaciones cognitivas que contribuyen a la mejora del rendimiento motor y la fuerza.
La imaginería motora es una técnica beneficiosa en la rehabilitación ortopédica. Puede implementarse incluso cuando las extremidades lesionadas están inmovilizadas, lo que la convierte en una forma segura y de bajo costo para aumentar la cantidad de terapia. Estudios en rehabilitación neurológica y ortopédica respaldan la imaginería motora como una terapia eficaz para mejorar la función de las extremidades superiores e inferiores, la locomoción, la fuerza muscular, el rango de movimiento y la realización de tareas funcionales. La identificación de las demandas de la tarea utilizando marcos como la taxonomía de habilidades motoras de Gentile puede ayudar a estructurar progresivamente los programas de práctica mental en este contexto.
Sí, la imaginería motora ha demostrado ser beneficiosa para los adultos mayores. Se ha investigado su aplicación para mejorar el equilibrio y los resultados de movilidad en esta población. Aunque la capacidad de imaginería motora puede variar con la edad, se ha encontrado que puntuaciones aceptables en pruebas de control de imaginería son posibles en adultos mayores. Además, se han realizado estudios que comparan los efectos de la imaginería motora en diferentes rangos de edad, incluyendo cohortes de 50-59 años y mayores de 60 años.
La evidencia sugiere que la imaginería motora parece ser más efectiva para el aprendizaje motor de gestos o habilidades que ya son, al menos en parte, conocidos para el individuo, en lugar de habilidades completamente nuevas. Sin embargo, cuando la imaginería motora se añade a la práctica física real de un movimiento, puede mejorar la representación mental de la acción, lo que puede ser beneficioso tanto para perfeccionar habilidades existentes como para aprender algunas nuevas.
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REFERENCIAS: